top of page
Homepage

Las Multiplexx

dvzunn
11 jun
4 min de lectura

Una novela, una historia, una realidad con algo de ficcion.

dedicada a mi gente del san Berna



Dos Capitulos

Capitulo 1 "Las hijas de la 13 "


La historia comienza en el año 2000, un nuevo milenio que para la gran mayoría traía promesas de cambio, pero que en el centro de Bogotá se sentía igual de gris y peligroso que siempre. En medio del bullicio de la zona de tolerancia de la carrera trece, cerca de la calle 19, se erguía el hogar de niños desamparados. Un refugio custodiado por monjas católicas que intentaban aislar a los huérfanos del infierno que rugía afuera.

Allí crecieron Ana, Ary y Andrea. Tres jóvenes unidas por un destino idéntico: compartían el mismo origen trágico, la misma mirada desconfiada y hasta el mismo día de nacimiento. El próximo 1 de enero, las tres cumplirían 18 años. Como la mayoría de los niños del orfanato, sus pasados eran una sombra borrosa; probablemente eran hijas de padres adictos a las drogas y madres sumergidas en la prostitución. Sin embargo, en lugar de quebrarse, ellas se habían convertido en una sola fuerza. Eran inseparables, muy bellas, de cabellos lacios y largos, figuras esbeltas y ademanes femeninos, pero con un carácter fuerte y decidido, templado por la calle. En ese ambiente, o aprendías a defenderte o te consumía la corriente.

Su único remanso de paz era la hermana Caridad. Las tres muchachas eran muy unidas a ella; la ayudaban a remendar la ropa, la acompañaban al mercado a comprar las frutas y colaboraban sin falta en las ventas benéficas y los asuntos de la parroquia.

Pero la inocencia no pasa desapercibida en la zona de tolerancia. Cerca al orfanato, un territorio dominado por la indigencia y el microtráfico, operaba una banda temida: "Los Kraken". El jefe de esta organización era Berna, un hombre de 25 años, de tez blanca y ojos claros, pero con el aspecto, la jerga y la vestimenta típicas de un peligroso ladrón o estafador bogotano. Berna y su banda ya tenían tentáculos dentro del orfanato; solían tentar a muchas de las jóvenes con drogas o alcohol, utilizándolas luego como novias o simplemente para el desfogue sexual.

Sin embargo, los ojos claros de Berna estaban fijados en un objetivo más difícil. Estaba obsesionado con esas tres jóvenes que siempre acompañaban a las monjas. Ana, Ary y Andrea eran diferentes, y él se juró que tarde o temprano caerían en sus manos.

Capítulo 2: El Espejismo de la Salvación

Los días avanzaban y la tensión crecía. Una tarde, tras terminar las labores del día, la hermana Caridad llamó a las tres muchachas. Su rostro reflejaba una profunda preocupación. Con voz suave pero realista, les recordó que al cumplir los 18 años, las leyes del orfanato eran implacables: se les cortaría toda ayuda y cooperación. Los cursos técnicos que habían realizado desde temprano tendrían que ser su único escudo para sobrevivir en la nueva vida que les esperaba afuera.

—He estado rezando por ustedes —les dijo la hermana Caridad, intentando sonreír—. Y creo que Dios nos ha escuchado. Encontré a una mujer que ayuda en la iglesia; se llama Rebecca. Es una buena cristiana, tendrá unos treinta y largos o cuarenta años. Ella está muy interesada en ayudarlas y les puede rentar una habitación por unos meses.

El lugar, no obstante, no era ningún paraíso. Quedaba en el barrio "Don Berna", una zona extremadamente peligrosa, vecina del orfanato y colindante con la famosa calle del Cartucho, el epicentro del horror y el narcotráfico en la Bogotá del año 2000. Pero no había otra opción. Lo que la hermana Caridad ni las muchachas sabían, era que tras esa fachada de mujer piadosa y caritativa, Rebecca escondía unas intenciones oscuras y tenebrosas para el destino de las tres.

Mientras tanto, la obsesión de Berna seguía marchando. El líder de "Los Kraken" comenzó a mover sus fichas y habló con sus informantes dentro del orfanato —aquellas jóvenes a las que controlaba con vicios— para averiguar cuándo estarían las tres amigas solas y vulnerables.

—El sábado —le sopló una de las muchachas—. Hay una venta benéfica en la plaza de la iglesia del 20 de Julio. Ellas van a estar ahí desde la mañana ayudando a la hermana Caridad.

Berna sonrió de medio lado. Era la oportunidad perfecta. Reunió a sus amigos y preparó el plan para interceptarlas.

El sábado llegó. La plaza del 20 de Julio estaba llena de feligreses y ruido. Ana, Ary y Andrea acomodaban la mercancía en el puesto cuando, de repente, la luz del sol fue bloqueada por un grupo de hombres. Era Berna y su banda. Con una sonrisa cínica, el jefe de los Kraken se paró frente al puesto.

—Vaya, vaya... Pero si son las muchachas de la trece —dijo Berna, mirándolas de arriba abajo—. Somos sus admiradores. Queremos saber si quieren conocernos y pasar un buen rato.

El ambiente se congeló. Ana y Ary se tensaron, pero Andrea, dando un paso al frente como la líder natural del grupo, lo miró directo a los ojos, sin un rastro de miedo.

—Déjenme en paz —sentenció Andrea, con la voz firme que caracterizaba su fuerte temperamento—. Yo a usted lo tengo bien visto cerca del orfanato y sé perfectamente quién es. Nosotros no somos ningunas tontas. Así que se van largando, porque si quieren problemas, nosotras les vamos a responder de una manera muy fuerte.

Berna ensanchó su sonrisa. La resistencia de Andrea, lejos de ahuyentarlo, solo le demostró que el juego del gato y el ratón acababa de comenzar.

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
Capitulos 3 y 4

Capítulo III: El laberinto del San Bernardo El 15 de febrero no trajo consigo una tregua del clima, sino la misma neblina densa que solía morder los cerros orientales de Bogotá. Para Andrea, Ana y Ary

 
 
 
Las Multiplexx , el gran capitulo Preludio del 3 y 4

El Quiebre de las Almas La noche en que se apagaron los ojos de la inocencia I. El precio de pensar en las lomas de Cazucá Al otro lado de la gran urbe, donde Bogotá deja de ser ciudad y se convierte

 
 
 

Comentarios


bottom of page